viernes, 23 de marzo de 2018

Nos vamos...



Jorge y yo nos vamos a la Luna. Sí, porque no nos gusta vivir aquí.
Nos vamos en nuestro cohete rojo y amarillo.
En ese que le trajeron los Reyes Magos no, que hemos perdido la cofia. Claro, así no se puede volar.
Nos vamos en el cohete rojo y amarillo que es más resistente. Tiene ya tres años y todavía no se ha roto. Se lo trajo Papá Noel a Nuria.

Es por si queremos volver. Aunque no lo creo porque en la Luna flotaremos y sonará “Space Oddity” todo el rato (“Despacito” seguro que también). Aunque a veces bailaremos el vals. Y no nos cansaremos, ni nos dolerá el cuerpo ni nada.
Y podremos estar todo el rato juntos, cosa que aquí no se puede. El aire no se respira bien, con tanto humo, ambientador, aerosol. Todo cosas de mayores que no nos interesan. No entendemos porqué los mayores fabrican cosas que nos matan o nos enferman. Y como no lo entendemos pues nos vamos.
Además me parece que el cielo se está cabreando y de repente llueve, nieva o hace sol. Así, sin ton ni son. En la Luna está todo más estable.

El lanzamiento está previsto para junio, cuando Jorge acabe el cole, que en primero de infantil si te pierdes algo pues ya no levantas cabeza. Bueno, eso dicen los mayores, que madre mía aún no sabes hacer el uno sin salirte de los puntos. Siempre ahí, estresados, porque Gorka ya sabe nadar y habla tres idiomas… (que será el uno en tres idiomas y sin salirse de los puntos). Claro, por eso en Finlandia no van al cole hasta los seis años, son más listos, porque están más cerca de la Luna…

Nuria también se viene con nosotros, sí, porque yo sin ella no puedo vivir.

¿Alguien más se apunta?...

A mis queridos sobrinos Jorge y Nuria... con vosotros hasta el infinito y más allá.

jueves, 8 de marzo de 2018

Algunos hombres buenos...


Iba a escribir todo un alegato,
peo quiero dedicar el día de hoy a esos hombres buenos que no necesitaron de huelgas para que las mujeres de sus vidas seamos libres,

A mi hermano y a mi abuelo.

domingo, 7 de enero de 2018

La Tía Visantica

La Tía Visantica no era mi tía, era prima segunda de mi padre, o tía segunda, no lo recuerdo.
Son cosas que con ocho años no te planteas, era la Tía Visantica y punto.
Me acuerdo de su cara como si la estuviera viendo ahora, sus gafas, el pelo cano y negro recogido muy hábilmente en un "arriba España" (así le llamaban al peinado que coge sólo la parte delantera y el resto queda suelto). Bueno, así le llamaba mi familia.
Arreglada, enjuta, no muy agraciada. Pero metódica.
A mí me parecía muy vieja, con olor a Naftalina.
Ahora que la recuerdo no tendría más de cuarenta y muchos.
El Día de Reyes, después de comer con mis primos hermanos, tíos y abuelos, era tradición (o falsa compasión) ir a casa de la Tía Visantica.
Ella vivía sola, solterona pensaba yo. Pero realmente nunca sabré si era viuda soltera, porque ya no me queda nadie que me lo pueda contar.
A mis hermanos y a mí no nos gustaba ir a su casa, y eso que sólo era una vez al año. 
Nos parecía que su casa era muy vieja, de doscientos años o más, si mal no recuerdo en uno de los barrios más antiguos de Valencia, donde ahora te sacarías un ojo por vivir ahí.
Además, desde el más profundo egoísmo que caracteriza a los niños en lo que se refiere a regalos, no nos gustaban sus regalos, no estaban recién comprados, parecía que los hubiera atesorado durante años esperando el momento adecuado para regalarlos. 
Recuerdo un muñeco de nieve, envuelto cuidadosamente en papel de celofán transparente con una cintita azul. Olía a naftalina.

Unas cuantas décadas después, veo una mujer, de hoy, con carrera, joven… de cuarenta y... soltera… viviendo de alquiler en un barrio que ni plin, que ya le gustaría vivir en un piso antiguo en Ruzafa o Antiguo Reino, envolviendo con papel vintage unos accesorios de papelería que compró el año pasado, porque le parecieron absolutamente preciosos.
Los atesoró hasta que les encontró una utilidad.
“Serán perfectos para Carol en el día de Reyes. Como se está preparando una oposición le vendrán genial para su nuevo escritorio”, pensó para sus adentros.
Justo cuando terminó de envolver el regalo,  le puso el lazo azul, se miró al espejo, y vio a su Tía Visantica.


Querida Tía Visantica, perdóname, allá donde estés,  por haberte dejado tan sola, aunque sólo tuviera ocho años, perdónalos a todos, por juzgar sin saber. Sin saber que cualquier fragmento de nuestra vida pasada se puede repetir.

lunes, 1 de enero de 2018

Adiós 2017




No vuelvas Nunca Jamás.

Llévate contigo todo el sufrimiento,
todo el dolor y la miseria.

Llévate el olvido y
olvídate de mí.

Hasta Nunca.

martes, 12 de diciembre de 2017

jueves, 2 de noviembre de 2017

Imágenes




Si yo hubiera creído más en mí
y tú más en ti,
tal vez ahora yo no estaría coleccionando libretas,
ni tú mujeres...

"Imágenes de ayer que están en mi pensamiento..."