jueves, 13 de abril de 2017

Corazón

Tapas duras color púrpura y el título escrito en hilo dorado: “CORAZÓN”
Era de Manolín de Vicen, mi vecino, dos años menor que yo. Se lo regalaron cuando le operaron de anginas. Él tendría unos ocho años. Se lo cambié por un paracaidista de plástico de mi hermano. Por suerte, Manolín no era mucho de leer.
Lo abro sentada en la cama - que es como más me gustaba pasar los sábados, sentada en la cama y rodeada de libros-. No paraba de leer ni cuando mi Madre me traía el almuerzo a la cama, tostadas de pan recién hechas con mantequilla y azúcar.
Sí, mi Madre es una bendita. Me dejaba volar en mi mundo de fantasía durante horas, y me llenaba la cama de libros. No le preocupaba lo más mínimo que, con diez años, prefiriera estar ahí en lugar de jugar a los cacharritos con Mónica, mi vecina del quinto.
CORAZÓN, de Edmundo de Amicis.

Querido libro, durante años no he recordado la historia que cuentas, tan sólo las tapas púrpura con el nombre en hilo dorado, a mi Madre y el olor de las tostadas de mantequilla.

#historiasdelibros

sábado, 11 de marzo de 2017

Mi vestido rojo.

Elegante,
de tela rígida, como los de antes.

El día que vengas a verme,
no te sorprendas si me ves con él,
aunque no sea ocasión.

Porque mi vestido rojo no puede ir a ninguna fiesta,
pero es tan precioso,
que me lo pondré para ir contigo a ninguna parte.

domingo, 19 de febrero de 2017

Daniel


Hoy he conocido a Daniel.
Daniel se sabe todos los colores,
tiene el pelo de su padre
y unos ojos que parecen la ventana al mundo.

Pero cuando dice "mamasita",
te lo comerías a besos.
Y es justo en ese momento cuando todo cobra sentido

A mis queridos amigos Olga y Abel.

domingo, 12 de febrero de 2017

Sin noticias de Gurb...


mientras trato de cuadrar el círculo
y aprender los cincuenta estados de Estados Unidos...

jueves, 26 de enero de 2017

Señales



¿Me quieres?
Hazme una señal.

¿Te quiero?
Lo sé cuando no estás.
Lo sabrás si me haces una señal.

viernes, 13 de enero de 2017

El Médico que no fui


me habría curado.

Aquellas dieciséis horas diarias de trabajo
Aquellas lágrimas de puro cansancio tras la jornada
Aquellos baños de agua caliente para aquietar la mente y entrar en calor en el gélido piso de Getafe
Aquellos bocadillos delante del ordenador para no parar,
nunca parar, el cliente siempre manda aunque no mande.
Aquellas caminatas bajo la nieve para llegar a la triste y fría nave de ingeniería.

Y un sinfín de aquellos y aquellas.

Si todos aquellos y aquellas hubieran sido para curar , investigar para curar,
el médico que no fui me habría curado...